Entender que la carrera de la fe no es una carrera de velocidad, sino de resistencia, puede traer mucha paz y descanso a nuestras almas, que muchas veces están cansadas y frustradas. Muchos de nosotros nos vemos corriendo la carrera de otras personas, la cual no nos corresponde correr, y como resultado esto agota nuestras almas y nos llena de frustración. Esto se debe al deseo erróneo de ambicionar el llamado de otros y no abrazar la vida que Dios nos ha dado.