OREMOS JUNTOS: Padre celestial, hoy me paro en la autoridad que me has dado como hijo Tuyo.
No acepto vivir a la defensiva, sino en conquista y en victoria. Cada mentira que el enemigo lanzó, la confronto con Tu Palabra. Cada intento de opresión es desactivado por Tu Espíritu.
No me cubriré de miedo, sino de armadura. El desánimo no encontrará casa en mi alma. Rechazo toda artimaña, toda distracción, toda tentación que quiera apartarme de Tu camino.
Hoy marcho con la espada de la verdad, el escudo de la fe y el casco de la salvación. No por mérito mío, sino por el sacrificio de Cristo.
Declaro que la sangre del Cordero me da acceso, cobertura y autoridad. Que mi vida sea una amenaza para el infierno y una bendición para los que me rodean. Amén.